martes, 21 de julio de 2009

Ese maldito viernes

Al despertar, Lucas estaba ansioso, faltaban 10 minutos para que se encienda el despertador de su celular. Casi no había sonado la melodía cuando presionó el botón de silencio. Odiando la ropa formal que tiene que vestir para ir a trabajar, guarda la plata del pasaje en el bolsillo de su camisa y se pone una casaca, abre la puerta y se va, siempre caminando con la cabeza gacha para evitar las ridículas gotas que caen del cielo de su ciudad.

Tengo el presentimiento de que hoy pondrán la nota, se decía a si mismo. Dijeron miércoles y ya estamos viernes, además la otra semana nadie trabaja. Lucas camina cuatro cuadras con las manos en los bolsillos de la casaca y ve la hora en su celular justo a unos metros del bus ya estacionado que lo lleva a su trabajo. Allí siempre duerme, pero ese día no puede dormir, tampoco lo intenta. Viendo la pequeña televisión que tiene el bus, piensa que sería injusto que lo desaprueben, siente que la angustia regresa, sin embargo, una leve esperanza lo hace levantar la cabeza y esbozar una sonrisa. Al llegar a su destino, Lucas, sin haber podido dormir, espera a que todos bajen antes de hacerlo él, cuelga el phothocheck en su cuello y entra.

Son 8 y 50 de la mañana, es imposible que ya esté la nota, es muy temprano, a pesar de pensar en eso, Lucas entra a la página de su universidad, se fija en las notas y observa el pequeño cuadrado blanco junto al nombre del curso. No hay nada. Siente que respira un poco más fuerte, piensa en como reaccionará cuando vea la nota.

Su trabajo algunas veces es tedioso pero entretenido, otras veces es simple pero aburrido. Son casi las 11, cuando su jefe lo llama y le indica que el lunes podrá faltar ya que él no estará ese día pues viajará, le recomienda viajar ya que es feriado largo y finalmente le dice que siga viendo aquella complicada tarea que le dejó. Lucas simula una sonrisa y le bromea diciéndole que ya era tiempo que le de un día libre, le dice que el trabajo está casi hecho y regresa a su lugar.

Es la cuarta vez que entra a la página de su universidad, casi por inercia presiona la opción de notas y se sorprende al ver que por fin hay un número en el pequeño cuadrado. Lo vio borroso, simplemente observó que la nota ya estaba allí. Miró el techo, cerró y abrió los ojos, respiró, pensó que ya era ridículo alargar la angustia, bajó la mirada y vio los dos dígitos. No pensó, solo actuó, apagó el monitor de la computadora y se paró.

Eran casi las 11 y 30, Lucas salió del edificio, tomó un taxi, desde días antes había planeado qué hacer una vez vista su nota, así haya aprobado o no. El taxi llegó a una avenida cerca al malecón de Barranco, al bajar Lucas por fin vuelve a pensar en el número que vio, se agarra la cabeza, ahora no sabe si es justa o no la nota, le cuesta creer que ha desaprobado. Mientras camina y viendo el mar a lo lejos, siente que su celular está vibrando, cuelga sin ver quien es. Imaginó un día así, con un sol que ilumina el día a pesar de ser invierno y con la brisa del mar que lo obliga a dejar de pensar. Tal vez por eso elegí venir aquí, piensa Lucas, porque el mar y su calma me hacen mirar, admirar y no recordar. Lucas, con los brazos cruzados, está parado con el mar frente a él y siente que la brisa lo va a tumbar.

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